jueves, 25 de julio de 2013

EL HOMBRE CANSADO


Después de cuatro meses de trabajo frenético (IVA, IRPF, Impuesto de Sociedades, Cuentas anuales...), echando decenas de horas extra, trabajando fines de semana, yendo a toda máquina; hoy, que por fin acaban los plazos y empezará cierta tranquilidad laboral, me siento exactamente así:

El hombre cansado,
sentado ante su mesa,
se aprieta los ojos con la yema de los dedos
hasta exprimirlos encima de facturas indecentes
mientras los segundos gotean sobre su calva
y el limpiacristales delimita las fronteras.
El hombre cansado
martillea el teclado con precisión:
calcula el precio
de un jueves por la tarde,
del color azul,
de un litro de saliva sin usar,
impuestos incluidos.
A lo lejos, un perro
reclama a ladridos su porción de luna.
El hombre cansado
bebe a veces café negro,
o se desmigaja sobre el escritorio
mientras su corbata sin afeitar
ondea sola hecha jirones.

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